El calendario marcaba el 3 de marzo de 1980. Faltaban escasos minutos para que el reloj señalara las dos de la tarde y se produjera el cambio de turno entre los obreros que concluían su jornada y aquellos que iniciaban sus ocho horas de trabajo.


El calendario marcaba el 3 de marzo de 1980. Faltaban escasos minutos para que el reloj señalara las dos de la tarde y se produjera el cambio de turno entre los obreros que concluían su jornada y aquellos que iniciaban sus ocho horas de trabajo.