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Con Célio Alves Elias

La rapiña de los frigoríficos: “¡Alto! ¡El cuerpo o el empleo!”

Gerardo Iglesias

22 | 4 | 2026

A trece años de la aprobación de la NR36, aquella conquista histórica del movimiento sindical brasileño que puso límites ─al menos en el papel─ a la voracidad de la industria frigorífica, vuelve a cobrar fuerza una pregunta incómoda: ¿cuánto vale un cuerpo frente al empleo?

La efeméride, que se cumplió este 17 de abril, invita no solo a recordar la dura negociación que encabezaron dirigentes como Célio Alves Elias, sino también a revisar las historias que empujaron esa lucha. Una de ellas es la de Valdirene Gonçalves da Silva, madre de tres hijos, que a los 35 años quedó marcada para siempre por el ritmo implacable de las líneas de producción. Su caso, reconstruido en esta nota publicada originalmente en 2014, expone con crudeza el costo humano detrás de la “rapiña” de los frigoríficos.

-¿Qué recuerdas de la etapa de negociación de la NR36?
-Fue un arduo proceso y a la vez un gran aprendizaje, porque los dirigentes sindicales tuvimos que estudiar, prepararnos y debatir con una industria que siempre tuvo una posición muy dura.

Como Sindicato iniciamos en el 2000 un programa dirigido a la salud y al mejoramiento de las condiciones de trabajo, ya que en nuestra región hay unos 7 mil trabajadores empleados en diferentes frigoríficos.

-¿Muchos lesionados…?
-Sí, muchísimos. Aquí en Criciúma se acercan al Sindicato numerosos lesionados con problemas diversos, y esta situación se repite en todo el país.

-¿Cómo evalúas la aplicación de la NR36?
-Hay mucho por hacer en un país donde trabajo y enfermedad van de la mano, y la precariedad laboral está muy arraigada en la gran mayoría de las empresas.

Desde el movimiento sindical esperábamos que, con el cambio de gobierno, desde una derecha cerrada a gobiernos progresistas de izquierda, se lograría cambiar esa situación por medio de la actuación de los organismos oficiales, responsables de promover y fiscalizar la salud y la seguridad laborales.

Sin embargo, estamos asistiendo a una precarización laboral creciente y a la desidia de los entes gubernamentales que deben velar por los derechos de los trabajadoras y trabajadores brasileros, como por ejemplo el Ministerio de Trabajo y el de Previsión Social.

Las consecuencias directas y terribles de esta precarización es la enorme cantidad de accidentes mortales -más de 2.500 por año-, y la gran incidencia de enfermedades laborales que se registran crecientemente en Brasil.

La conquista de la NR 36 nos genera una gran expectativa, pero ahora tenemos el desafío de cómo instrumentarla para que salga del papel y se cumpla en los hechos.

El trabajo recién comienza, y la Rel UITA y el Ministerio Público de Trabajo están siendo aliados fundamentales en esta tarea de lograr la aplicación de la NR en los frigoríficos.

El caso de Valdirene Gonçalves da Silva

-Entre los lesionados por el ritmo masacrante de la industria frigorífica que han venido al Sindicato, ¿cuál fue el caso que te provocó más indignación?
-El de Valdirene, sin duda. Una madre de tres hijos que quedó lisiada a los 35 años.

Hacía once años que trabajaba en el sector de deshuese de muslos de pollo; ella estaba orgullosa de su récord productivo: desosaba once muslos por minuto.

Así que Valdirene era la referente de meta para el resto de los trabajadores, y en aquel entonces ella era manifiestamente contraria al Sindicato.

Entre 2005 y 2007 intensificamos nuestra lucha contra el ritmo frenético impuesto por la industria avícola, y fue en ese período que conocimos la historia de Valdirene. Llegó a nuestro Sindicato con lo que denominamos “dedo en forma de gatillo”, pero eso fue solo el principio de su dolencia…

-¿Cómo actuó la empresa en este caso?
-Como en todos los demás: quiso deshacerse de ella apenas notó la gravedad de sus lesiones. Llegaron al absurdo de decir que su enfermedad se debía al hecho de conducir su moto de casa al trabajo y del trabajo a casa…

El de Valdirene se convirtió en un caso emblemático en nuestra lucha por disminuir el ritmo de trabajo en las avícolas y es el episodio que, hasta hoy más indigna, pues finalmente le amputaron el brazo y a pesar de ello continúa padeciendo dolores.

-¿En qué planta trabajaba Valdirene?
-En SEARA de Forquilinha, el mismo lugar donde trabajé yo.

-Para desosar esa cantidad de muslos en un minuto, ¿cuántos movimientos debía realizar?
-Para desosar entre siete y once muslos por minuto son necesarios más de 120 movimientos.

Está probado que realizar más de 40 movimientos en un minuto es dañino para la salud. Después que comenzamos nuestra lucha en pos de mejores condiciones laborales en los frigoríficos brasileños el ritmo ha bajado un poco. Actualmente estamos en un promedio de deshuese de 4 a 4,5 muslos por minuto, o sea que estamos al límite.

A esto hemos llegado por ahora. En nuestra región se mejoró notablemente, pero a nivel nacional falta mucho por hacer todavía, y ese es nuestro principal desafío.

-¿El Sindicato acompaña el padecimiento de Valdirene?
-Para que tengas una idea, la primera vez que la empresa la internó en el hospital de Tubarão, a 80 kilómetros de Forquilinha, fue por presión del Sindicato, pero allí la dejaron librada a su suerte los 32 días que duró la internación.

A partir de entonces adoptamos su lucha como nuestra. Yo mismo la acompañé a São Paulo a los mejores médicos, y hasta ahora continuamos dándole seguimiento a su caso. La empresa corre con los gastos del tratamiento de Valdirene, pero no porque sean “buenitos”, sino porque el Sindicato exigió que así fuera.

Cuando la imagen de Valdirene y su historia comenzaron a recorrer el mundo, recién entonces la empresa se preocupó y nos planteó que le brindaría el tratamiento médico.

Célio Alves Elias | Foto: Gerardo Iglesias