La fiscal general de Guatemala, Consuelo Porras, llegó al umbral del final de su mandato rodeada por un doble cerco: político y moral. La derrota en su intento por ocupar un cargo en la Corte de Constitucionalidad no fue solo un traspié electoral, sino el primer síntoma visible de un desgaste acumulado durante años de confrontación interna y aislamiento internacional.









