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Dignificar el empleo para dar el gran salto

No faltan trabajadores, faltan derechos y condiciones dignas

Mientras sigan existiendo jornadas interminables, salarios insuficientes y condiciones laborales que dificultan la vida personal y familiar, seguirá siendo complicado atraer y mantener profesionales.

Gonzalo Fuentes

9 | 6 | 2026

Cada verano, con la llegada de la temporada turística alta, vuelve a repetirse el mismo titular en los medios de comunicación: la hostelería no encuentra trabajadores cualificados.

Las organizaciones empresariales alertan de una supuesta falta de mano de obra, pero rara vez profundizan en las verdaderas causas de este problema.

Quizá la cuestión no sea que falten profesionales, sino que sobran precariedad, incumplimientos laborales y falta de atractivo en un sector esencial para nuestra economía.

Parece que las asociaciones empresariales se turnan para lanzar este mensaje. La última en hacerlo ha sido la Asociación de Hostelería de Málaga (Mahos), que se queja amargamente de la falta de personal cualificado.

Sin embargo, realizan estas declaraciones públicas sin asumir una reflexión seria sobre las causas que han conducido a esta situación.

El último eslabón

A estas alturas deberían saber perfectamente por qué la hostelería se ha convertido para muchos jóvenes en el último eslabón de la cadena laboral, un recurso al que solo acuden cuando no tienen otra alternativa y hasta que encuentran un empleo mejor.

Actualmente, en muchas zonas turísticas, el sector se sostiene gracias a la mano de obra inmigrante. Pero cuando estas personas logren una mayor estabilidad laboral y social ocurrirá exactamente lo mismo que sucedió con generaciones anteriores.

Durante años, jóvenes procedentes de zonas de España con mayores tasas de desempleo se desplazaban a los destinos turísticos para trabajar durante la temporada y, en muchos casos, las empresas les proporcionaban alojamiento.

Hoy esa realidad es mucho más difícil. Entre otras razones, porque numerosos empresarios eliminaron las viviendas destinadas al personal gratuito, para convertirlas en alojamientos turísticos.

A ello se suma el encarecimiento de la vivienda. Alquilar incluso una simple habitación puede suponer cerca de la mitad del salario mensual, aun para quienes tienen un contrato a jornada completa y perciben los salarios establecidos en los convenios colectivos.

Desperdicio de recursos

Por otra parte, existen miles de trabajadores y trabajadoras mayores de 52 años con experiencia en el sector que se encuentran en situación de desempleo.

Sin embargo, muchos empresarios prefieren no contratarlos porque los consideran demasiado mayores.

Y hay que añadir las condiciones laborales que todavía se dan en numerosas empresas del sector, especialmente en bares, cafeterías, restaurantes, chiringuitos, pubs y discotecas, donde la presencia sindical suele ser escasa o inexistente.

Condiciones laborales inaceptables

Los convenios colectivos establecen, por ejemplo, dos días de descanso semanal, pero en muchos casos solo se disfruta de uno. La jornada efectiva supera con frecuencia las ocho horas diarias.

Las personas contratadas a tiempo parcial realizan a menudo más horas de las reflejadas en sus contratos.

A los trabajadores fijos discontinuos no siempre se les garantiza la actividad media de temporadas anteriores y, en ocasiones, ni siquiera se respeta el orden de llamamiento por antigüedad y categoría profesional establecido en los convenios colectivos.

Asimismo, algunas empresas evitan prolongar las temporadas cuando la actividad lo permite para impedir que estos trabajadores consoliden una mayor estabilidad laboral y así evitan que sus contratos pasen a fijos indefinido.

En definitiva, no se ofrece la seguridad que merecen quienes desarrollan su actividad bajo esta modalidad contractual, que en los últimos años ha experimentado un importante crecimiento tras la última reforma laboral, en detrimento de la contratación temporal.

Tampoco se fomenta suficientemente la jornada continuada. Muchas personas trabajadoras pasan hasta doce horas fuera de casa para cumplir una jornada partida, lo que dificulta enormemente la conciliación de la vida familiar y personal.

Además, siguen existiendo muchas empresas que no abonan correctamente las horas extraordinarias, las horas nocturnas, los días de descanso trabajados o los gastos de desplazamiento contemplados en los convenios colectivos. En muchos casos, cuando ya no existe transporte público, el convenio obliga a facilitar o sufragar el transporte nocturno, una obligación que no siempre se cumple.

Con este panorama laboral, marcado por los incumplimientos, la falta de conciliación y unas condiciones poco atractivas, resulta lógico que muchos jóvenes del siglo XXI no estén dispuestos a asumir el modelo de «vivir para trabajar» que asumieron generaciones anteriores.

Hoy la mayoría quiere trabajar para vivir, disfrutar de su tiempo libre y desarrollar un proyecto de vida equilibrado.

Es cierto que contamos con más derechos laborales y sociales que nunca gracias a la negociación colectiva sectorial, que tanto esfuerzo ha costado conseguir, pero de poco sirven si después no se cumplen.

Algunos empresarios mantienen una visión cortoplacista y saben que la Inspección de Trabajo dispone de recursos limitados, por lo que las posibilidades de ser sancionados son reducidas.

La mejor prueba de ello es que en aquellas empresas donde existen buenas condiciones laborales, salarios razonables y respeto a los derechos de las plantillas no faltan trabajadores; al contrario, sobran currículos.

Una formación cacareada pero inexistente

Otro asunto recurrente es la formación.

Los empresarios hablan constantemente de la necesidad de formar a los trabajadores, pero pocas veces están dispuestos a asumir el coste de esa formación o a realizarla dentro de la jornada laboral.

¿Quién puede pensar seriamente que una persona que termina una jornada agotadora va a dedicar varias horas adicionales a realizar cursos fuera de su horario de trabajo?

Podríamos seguir enumerando razones por las que muchas personas han dejado de considerar la hostelería una profesión de futuro o una vocación para toda la vida.

Desde mi experiencia personal, tras haber trabajado durante muchos años como camarero y haber ejercido como representante de los trabajadores hasta mi jubilación, considero que estas cuestiones deben abordarse mediante el diálogo social entre empresarios y sindicatos con el objetivo de introducirlo en los convenios colectivos sectoriales.

Dar el salto

También es necesario dar un salto adelante en derechos laborales y sociales para convertir estos oficios en profesiones más atractivas y reconocidas.

Del mismo modo, resulta imprescindible mejorar los salarios, que han perdido poder adquisitivo desde la pandemia.

Por tanto, en mi opinión, lo que falta no son trabajadores. Lo que faltan son derechos laborales efectivos, salarios dignos, conciliación familiar y laboral y un cumplimiento real de los convenios colectivos.

Es imprescindible fomentar las jornadas continuadas y garantizar, al menos, un fin de semana completo de descanso al mes para que los trabajadores puedan disfrutar de su vida familiar y social.

Asimismo, debería garantizarse que las personas contratadas a tiempo parcial tengan una jornada mínima de cuatro horas diarias y veinte horas semanales en régimen de jornada continuada.

La solución no pasa por culpar a quienes trabajan, sino por dignificar el empleo en la hostelería, mejorar las condiciones laborales y revalorizar unas profesiones imprescindibles para el desarrollo económico y turístico de España.

En definitiva, la hostelería no necesita menos derechos ni menos protección social.

Necesita más derechos, más estabilidad y más respeto hacia quienes, con su esfuerzo diario, hacen posible que uno de los principales motores económicos de nuestro país siga funcionando.

(Publicado originalmente en Revista El Observardo. Edición Rel UITA)
Imagen: El Observador – España