Con 35 años en la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agricultura, Turismo y Afines (UITA), su secretario regional para América Latina, Gerardo Iglesias, afirmó que el movimiento sindical debe luchar por la unidad, en un contexto donde el enemigo es más disperso.
El Panal
4 | 5 | 2026

A diferencia de luchas contra dictaduras militares como las de Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Bolivia; el contexto centroamericano en la década de 1980 y la violencia en Colombia, en la actualidad la situación es más complicada y muy difícil de superar, “cuando luchábamos contra las dictaduras militares el enemigo era uno, ahora el enemigo es más disperso y no se concentra en una figura”, afirmó Iglesias.
En su análisis, resaltó la poca participación juvenil en las organizaciones sindicales en Latinoamérica y Europa. La juventud sindical es poco visible, los sindicatos cerraron sus puertas para la participación de nuevos perfiles y nuevos protagonistas, promoviendo una agenda absolutamente acotada a los intereses económicos.
Entonces, los sindicatos dejaron a un lado la formación ideológica y política de nuevos líderes. Cerraron puertas a la participación activa y protagónica de las mujeres y colectivos LGBTI, que hacen grandes esfuerzos para luchar por intereses profesionales de la mano de los sindicatos, donde también encuentran sus restricciones.
Retomó la reflexión del secretario general de la mayor federación de la agroindustria en Europa FLAI-Italia, Giovanni Mininni, al expresar que, al movimiento sindical internacional le quebraron su espina dorsal solidaria y ha perdido la batalla cultural.
Por lo que se enfrenta una situación desgarradora, triste, declaró Iglesias en su reciente visita a Honduras. El movimiento sindical no ha podido superar la división, un ejemplo es lo que sucede en Brasil, donde el movimiento obrero está atomizado en siete centrales sindicales diferentes. Esa división hace que se pierda protagonismo e incidencia política.
El mejor ejemplo de organización obrera es Uruguay, donde solo existe una central sindical de trabajadores, la única que ha crecido en los últimos años y con una tasa de entre 40 y 45 por ciento de sindicalización. Desarrolla una agenda muy amplia con participación de familiares de detenidos desaparecidos, mujeres, LGTBI, jubilados y juventud.
En el marco del 1° de Mayo: Día Internacional del Trabajador y la Trabajadora, la lucha continúa y se hace un esfuerzo para refundar el movimiento obrero a nivel internacional, agregó el representante de la UITA.
Este 1° de mayo se cumplen 140 años del inicio del movimiento obrero en Estados Unidos, con aquellas jornadas históricas de protestas por las ocho horas de trabajo en Chicago; por lo que, para cambiar este presente hay que rescatar memoria e historia, los que tienen un buen trabajo y salario no es porque la empresa sea buena, sino por la lucha de organizaciones obreras y sindicales.
“Hay que respetar el movimiento, desde la UITA siempre salimos afuera al encuentro de otras organizaciones para articular recursos y capacidades. Estamos transitando por un proceso de acumulación de fuerzas y tratando de cambiar este presente que se muestra complicado”.
Latinoamérica es una región históricamente castigada desde el mal llamado “descubrimiento”, dijo Iglesias, su historia registra dictaduras militares, represión, exilio, muerte, asesinato de dirigentes populares y activistas sindicales, y en la actualidad se agrega todo lo que se padece con la intervención imperialista de un esquizofrénico energúmeno como Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, “lo que dificulta nuestro accionar sindical y político”.
En cuanto a la situación de Honduras, Gerardo Iglesias insistió en no olvidar los hechos del golpe de Estado de 2009, seguir atentos organizando sin que gane el miedo ni la parálisis, continuar andando y buscando nuevos senderos.
Honduras está amenazada por una gran tempestad. Con la ley del trabajo por hora se precarizará de forma absoluta las condiciones laborales, será una feroz restricción para las organizaciones obreras, la afiliación en los sindicatos y la debilidad para el movimiento sindical.
En los 12 años de narcodictadura, el movimiento sindical jugó un rol protagónico en la lucha popular y quedó poco tiempo para la formación obrera y organización de nuevas estructuras.
Por lo que, todo apunta a que el país va a seguir transitando, como lo ha hecho desde hace décadas, cumpliendo y promoviendo los intereses de la clase empresarial que son unos poquitos pero que lo tiene todo, finalizó Iglesias.
