A Carlos Amorín
Amalia Antúnez
7 | 7 | 2026

El pasado 2 de abril, Carlos Amorín nos escribió, al equipo de la Regional en Montevideo, para comunicarnos una decisión que le había costado mucho tomar: después de casi tres décadas de trabajo junto a la Rel UITA, ponía fin a su colaboración permanente con la organización.
En aquel mensaje, lleno de afecto y gratitud, recordaba todo lo aprendido y compartido durante esos años y se despedía con una frase que hoy adquiere un significado especial: “Nada se destruye, todo se transforma”.
Carlos fue un periodista, escritor e investigador de una curiosidad inagotable y un compromiso inquebrantable con las causas populares. Integró el Consejo de Redacción del semanario Brecha y desarrolló una trayectoria marcada por el periodismo de investigación, abordando temas como los derechos humanos, los conflictos laborales, el medio ambiente, la realidad política latinoamericana y las luchas sociales.
Entre sus investigaciones más destacadas figura su trabajo sobre la crisis de la plombemia en Uruguay, que contribuyó a visibilizar uno de los mayores problemas ambientales y de salud pública del país y quedó plasmado en el libro Plomo. El lado oscuro de la ciudad.
En la Rel UITA encontró un espacio donde pudo desarrollar ese periodismo comprometido que entendía como una forma de militancia. Desde finales de los 90 escribió sobre organizaciones de toda América Latina, documentó conflictos, denunció injusticias y dio voz a quienes rara vez ocupan los grandes titulares.
Mantuvo un estrecho vínculo con Gerardo Iglesias (secretario regional de la UITA), compañero con quien compartió convicciones, luchas y una misma manera de entender la solidaridad internacional y la defensa de los derechos de los trabajadores.
En lo personal, Carlos fue mi primer editor cuando ingresé a trabajar en la Rel UITA. Con el tiempo, la relación profesional dio paso a un intercambio permanente sobre nuestros textos: era habitual comentar lo que cada uno escribía, discutir un enfoque o celebrar una buena historia.
Su última nota, dedicada al Indio Solari, fue también la última sobre la que intercambiamos impresiones, hace apenas un mes atrás.
En los últimos tiempos se había sumado activamente a las reuniones virtuales del Comité Latinoamericano de Mujeres de la UITA (CLAMU), aportando su experiencia y su mirada crítica junto a su buena disposición para aprender nuevos temas.
Carlos deja una obra periodística extensa y valiosa, pero también un legado más difícil de medir: el de haber demostrado que el periodismo puede ser, al mismo tiempo, riguroso, sensible y profundamente comprometido con la dignidad humana.
Nada se destruye, todo se transforma ─nos dijo─ y es cierto porque hay vidas cuya persistencia desmiente la aparente victoria de la muerte.
