El lunes 6 de julio falleció Carlos Amorín, periodista que logró, tempranamente, ensayar un periodismo comprometido, de investigación y de denuncia ante los abusos del poder económico sobre el ambiente y sus poblaciones.
Daniel Gatti
Convenio Brecha – Rel UITA
13 | 7 | 2026

Su estilo ─como el de su generación, jóvenes periodistas que se integraron a este semanario al volver del exilio─ dio forma a algo que ya significa una tradición para los periodistas de Brecha que vinieron después. El mejor homenaje, ahora, es reconocer el estilo Amorín y continuar su trabajo.
Carlos Amorín estuvo entre quienes se pusieron al hombro el primer recambio generacional en Brecha. Tal vez el más difícil, porque suponía en muchos sentidos hacer frente a la camada inicial de popes del semanario. Se había incorporado tempranamente a la redacción, en 1986, proveniente de una de las tres vertientes que unos meses antes iniciaron el proyecto: la del exilio (Carlos venía de Francia y había vivido también en Chile, Argentina y Suecia).
Por años fue un periodista «de base», como le gustaba definirse, hasta que en el marco del recambio fue asumiendo responsabilidades: como jefe de redacción durante cinco años, impuesto por los jóvenes de entonces cuando la dirección no era electa, o como integrante de una «mesa chica», de síntesis entre distintas posturas.
La presencia del Gordo se imponía, no solo por evidentes razones físicas, en los corredores de la poblada redacción de mediados y fines de los noventa y en las a menudo tumultuosas asambleas. Era un tipo jugado y lo menos que se puede decir de él es que sabía contagiar: el entusiasmo cuando estaba enchufado, el desánimo cuando ya no creía en algo.
Quizás lo que más le hubiera gustado que se le reconociese es que había un estilo Amorín de hacer notas y de encararlas. Puede que no seamos muchos los que recordemos con cariño unas raras y largas investigaciones que construyó a partir de personajes de ficción. No fueron las más marcantes de su alrededor de 15 años brechianos, repartidos en dos períodos.
Sí marcaron, y cómo, sus investigaciones ambientales, un tema en el que hizo punta no solo en Brecha: también en Tierra Amiga, la revista ecologista que en los noventa editó la Comunidad del Sur, y desde las publicaciones de la Regional Latinoamericana de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación (Rel UITA).
Carlos fue nexo entre esas dos instituciones y Brecha para una colaboración que se plasmó, por ejemplo, en plena crisis de 2001-2002, en una guía para el cultivo de huertas ecológicas.
De la misma época data su investigación sobre la contaminación por plomo en Montevideo, que el antropólogo Daniel Renfrew consideró «el primer problema ambiental que llegó a alcanzar la conciencia popular masiva en Uruguay» (en el sitio web de nuestro semanario ponemos a disposición una selección de artículos de aquella investigación).
Carlos Pilo, a quien recordó ante su fallecimiento en 2024 en su última nota publicada en Brecha, le había dicho en julio de 2001: «Nadie tenía experiencia de lucha ambiental en este barrio. Nos costó organizarnos, pero después crecimos desmesuradamente […] a pesar de todo lo que se ha hecho, tengo la clara sensación de que demasiada gente quiere “cerrar el caso La Teja”. Si no hacemos algo, es probable que lo logren, y muy pronto».
Ese mismo 2001, Ediciones de Brecha y Nordan editaron su libro Plomo para toda la vida, que reunió los principales artículos publicados ese año en el semanario. Antes había publicado otros dos libros: Sara buscando a Simón (1996) y Las semillas de la muerte (1999).
Carlos Amorín comenzó a trabajar como periodista a los 16 años. En Argentina escribió para El Descamisado, órgano de prensa de Montoneros editado entre 1973 y 1974, y en el exilio estudió en la Licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad París VIII. Antes de incorporarse a Brecha trabajó en Las Bases y más tarde en Tierra Amiga y Rel UITA.
De UITA se despidió este último abril, luego de 35 años de colaboración (véase el homenaje de esta organización en rel-uita.org). Como él escribió ante la muerte de Carlos Pilo, «la dinámica del cierre [de un semanario] exige premura, así que aquí van estas pocas líneas escritas contrarreloj, nacidas de la emoción de un abrazo imposible».
