Del coronavirus se dijo en un primer momento que igualaba a los seres humanos, que ante la enfermedad estábamos todos en el mismo barco y saldríamos todos a flote o no saldríamos. Era una falacia, una más: las nuevas cifras de la pobreza y el hambre en el mundo muestran que la pandemia “sólo” agravó desigualdades ya existentes y que en todo caso terminó por desbarrancar a muchos que todavía podían comer pero que ya estaban al límite.









